Viaje Humanitario. ¿Qué he aprendido?

Hace tiempo no paro de pensar en una de las experiencias más bonitas de mi vida. Por eso estoy aquí escribiendo y compartiéndola.

Muchos sabréis que para mí la quiropráctica es vocacional, por eso no tube ninguna duda en aceptar cuando se presentó la oportunidad de realizar un viaje de ayuda humanitaria. En este caso, en Namibia. Sin duda es algo que tengo muchas ganas de repetir porque da para mucho. En concreto, estuvimos ajustando en la localidad de Nkurenkuru.

Te doy algunos datos sobre este país, por si no has tenido el placer de conocerlo.

  • Es el segundo país más rico de África, detrás de Sudáfrica.
  • La sanidad es pública para residentes (0,37 médicos cada 1000 habitantes), de hecho, en el hospital en el que realizamos los días de ajuste no había ningún médico. 3 médicos rotaban en los hospitales de la región, al de Nkurenkuru llegaban cada 3 semanas.
  • Más de 1 de cada 4 hogares vive por debajo del umbral de pobreza.
  • El es segundo país más despoblado del mundo.
  • La mayor parte de la población es católica (91,2%).

Durante 3 semanas hicimos una ruta en caravana por casi todo el país acampando en parajes espectaculares, visitamos las capitales, que en poco se diferencian a una ciudad pequeña europea. Pero también fuimos a zonas no urbanas, Nkurenkuru fue el primer destino de campaña, del que te voy a hablar hoy.

Allí tuvimos a oportunidad de ajustar a más de 800 personas. Personas que no sólo venían de esa localidad, sino que llegaban desde todos los alrededores y cuando digo alrededores me refiero a 100km. Desde el país vecino, Angola, separado por un río (en el que está prohibido el baño por su alta población de cocodrilos) llegaban muchas personas, que escucharon por la radio local, que un grupo de quiroprácticos les visitaba.

Desde las 8 am hasta las 7 pm durante 5 días tuvimos la suerte de conocer a personas maravillosas, fue sorprendente ver cuánta confianza habían puesto en nosotros. Ojalá hubiésemos podido estar más tiempo con ellos. Las colas se hacían cada vez más grandes. Personas esperando durante más de 5h a un ajuste de 5 minutos. ¡El primero de su vida!

Aunque teníamos unos traductores magníficos, la barrera del idioma era muy grande (¡el Rukwangali no es fácil!) no a todos podíamos explicarles qué estamos haciendo exactamente y aun así se tumbaban en la camilla, sin preguntas, pero con la mente y el corazón abiertos.

  • ¿La peor parte? No tener más recursos, más tiempo, más equipos, más camillas, más manos, más conocimientos, más vitaminas… Nada parece suficiente.
  • ¿La mejor parte? Verles irse sonriendo y agradecidos, incluso verles al día siguiente, esperando de nuevo, con una sonrisa enorme.

Las cosas que se aprenden en un viaje así podrían llenar un libro, y debo decir que hay muchas cosas que ellos hacen mil veces mejor que nosotros, pero os voy a contar lo que más me impresionó de las personas que conocí, a las que ajusté durante este viaje.

Su relación con su cuerpo y con su salud. Algo que va más allá del conocimiento de la anatomía o de la fisiología. Hablo de conciencia corporal. En su caso, la ausencia de ella.

Para muchos de ellos, su cuerpo es su herramienta de trabajo, en el sentido más literal. La salud se mide en poder trabajar/no poder trabajar. No hay termino medio. No hay proceso ni evolución. Un día están suficientemente bien como para hacer vida normal, y al siguiente están lo suficientemente mal como para no poder hacerlo. Eso es todo.

Esto es sin duda fruto de sus circunstancias, de su fuerza, de su necesidad, de su tenacidad y de su actitud. De la obligación de aprovechar lo que tienen mientras lo tienen. Sin quejas. Ellos lo hacen porque no tienen otra opción, no tienen servicios sanitarios, no tienen información.

Y esto les lleva a olvidar la salud, a preocuparse sólo por la enfermedad. ¿Te suena? Aquí es cuando me di cuenta de lo mucho que ha prevalecido este pensamiento incluso en sociedades como la nuestra. Con todas las ventajas, con sanidad pública, con acceso a una alimentación equilibrada, con conciencia corporal, con información, con personas cerca de nosotros dispuestas a ayudarnos a conseguir nuestros objetivos de salud.

¿Por qué hemos mantenido esta creencia a pesar de todos los ”avances” socioeconómicos que nos separan de culturas como las del poblado de Nkurenk

uru?

Para mi, parte del problema es que hemos dado por hecho todo lo que el cuerpo hace por nosotros. Hemos dejado de preocuparnos por él hasta que él nos obliga a hacerlo, generalmente, cuando ya no puede más, cuando necesita de nuestra atención.

Hay una frase que lo define muy bien:

Si no haces tiempo en tu vida para cuidar de tu salud, algún día tendrás que hacer tiempo para cuidar de la enfermedad.

Estamos acostumbrados a medir la salud en base a los síntomas, pero la salud va mucho más allá. Se ha demostrado, y en algún momento todos lo hemos experimentado, que la salud y los síntomas no van de la mano. El azúcar alto en sangre no da síntomas, las enfermedades cardiacas apenas dan síntomas, el cáncer o un virus, no siempre dan síntomas.

Para mí, parte de la solución es dejar de preocuparnos y empezar a ocuparnos. Atender al sentido común y hacer cambios ahora que nos ayuden a mantener un estado de salud óptimo en el mañana.

Estoy segura de que si las personas de Nkurenkuru tuvieran toda la información y recursos que nosotros tenemos, se replantearían muchas creencias. Así que es hora de que nosotros saquemos partido a nuestro privilegio!

Muchas gracias por leernos y por acompañarnos en este proceso. La salud es lo más importante que tenemos y hacer llegar este mensaje es lo que nos hace seguir hacia delante.

Cuídate,

Mar.

 

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