NUESTRO PARTO SOÑADO

Siempre había pensado que el día que hablara del parto sería MI parto, hasta que me quedé embarazada. En ese momento decidí que la experiencia iba a ser de dos de mi pareja y mía, yo me llevaba los extras: las sensaciones, las pataditas y a él le tocaba el acompañamiento.

Nuestra preparación al parto iba dirigida a una preparación como pareja para este gran evento. 

No puedo decir que decidimos tener un parto en casa cuando nos quedamos embarazados, porque lo teníamos claro desde que nos conocimos, hace 8 años, empezando juntos en el camino de la quiropráctica, el mismo que nos ha dado la confianza en el saber que el cuerpo sabe como trabajar, como crear una vida y como entregársela a sus padres.

Mi embarazo también ha tenido espacio para los miedos, manchados que me cortaban las respiración y un cólico nefrítico que me hizo pensar que el dolor se puede soportar, y que mejor para recibir a mi bebe que a una piedra.

Desde el inicio del embarazo me he ajustado cada semana, mejor dicho, él mi pareja y mi compañero de viaje se ha asegurado de que mi sistema nervioso y el de mi bebé que se estaba creando, trabajaban juntos al 100%. La realidad, he necesitado mucha mas quiropráctica en los últimos 9 meses que en los últimos 8 años, pero de eso iba mi embarazo, de escuchar qué necesitaba mi cuerpo y proporcionárselo.

He acudido a yoga hasta 1 mes antes del parto, cuando mi cuerpo también me avisó que tenía que dejar de irme a más de 30 grados de camino a las clases, porque no podíamos.

Me he alimentado sin ningún edulcorante ni azúcar artificial. He comido super sano y he disfrutado haciéndolo.

Solo he tenido un antojo, nísperos! Y antes de su época, nunca me habían gustado y este año me he comido los de media Málaga.

Y me he rodeado de mujeres que me daban fuerza y confianza. Desde el principio acudía a Nashym una clínica de mujeres donde hacía mi seguimiento del embarazo con las matronas. Cada paso de mi embarazo me lo explicaron de forma cercana y cariñosa para entender mi cuerpo y a mi bebé.

Llegada la semana 32 de embarazo, dejé de trabajar, y es que ya no podía/ni quería seguir estresando físicamente mi cuerpo y el de mi peque. Necesitaba dejar de cuidar a los demás y empezar a mirarme a mí.

A partir del ultimo trimestre empezamos a reunirnos con las matronas de nacer y cuidar, las mismas que se encargarían de nuestro soñado parto en casa.

Cada visita era un día de fiesta para nosotros, nos empoderaban, nos calmaban y nos hacían confiar más y más en el proceso.

Y llegaron las últimas semanas de embarazo. Tenía unas ganas tremendas de ver a mi peque y ya poco me consolaba, aparte de saber que no se quedaría dentro para siempre. La barriga crecía y yo me sentía que iba a explotar. 

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Los fines de semana andabamos 6-7 kms diarios y metía los pies en el mar para bajar un poco una inflamación que ya nada bajaba.

Y llego el día… Gerard llegaba tarde de la consulta. Estuvimos en la calle sacando a nuestra perrita y cuando llegó ya tenía la cena lista.

Nos acostamos muy pronto y la peque se movía muuucho mucho en la barriga. Supongo que ella si sabía que venía.

Y nos dormimos… a la 1 de la mañana empecé con molestias en la barriga y como no me parecían tremendas me monté mi espacio en el salón. Le dije a Gerard que siguiera durmiendo que si el dolor aumentaba lo avisaba pero que durmiera y descansara que al día siguiente tenia que trabajar.

Asi que me fui al salón, mis dos pelotas de pilates, mi lista de reproducción de Spotify seleccionada, una vela y la esterilla, ah! Y todos los ejercicios y movimientos que mi amiga y fisio Martina me había enseñado.

Y así pasaron las horas, 4 horas de movimientos, ilusiones y mariposas en el estómago pensando que Clara podía estar de camino.

A las 5:30 todo esto paró asi que me fui a la cama, un poco triste y desilusionada, la verdad.

Me acosté y entre sueños notaba pequeñas contracciones, pero pensaba… otra pequeñita… hasta que a las 6:30 un dolor fuerte me hizo saltar de la cama, y llamar a Gerard. “Esta si parece de verdad, llama a las matronas”. Y eso hizo, como nos dijeron, si seguían con ritmo era parto, igualmente venían a chequear…! y siguieron y Gerard y yo empezamos a trabajar mas en equipo que nunca. Él se mantenía estable con cada contracción que a mi me llevaba a un lugar donde entendía que el dolor iba a pasar y cada vez estaba mas cerca de mi pequeña. Pasamos de la pelota en mi habitación, a un pasillo muy estrecho donde me encaje mientras las contracciones subían de intensidad. El dolor era solo eso dolor, que venía y se iba y luego te dejaba de nuevo con tu pareja y tus matronas recordándote que lo habías hecho genial y que estabas más y más cerca.

Llegó una contracción muy fuerte y en ese momento lo noté, la pelvis se abrió y el sacro se elevó, el canal estaba abierto, Clara iba a empezar a bajar y su cabeza ya tenía espacio para colarse entre esta pelvis que tantas veces habían juzgado de pequeña.

Se lo dije a Gerard y mi matrona describiendo cada sensación, quizás ahí ellos se dieron cuenta que el parto iba muy avanzado y solo habían pasado 2 horas. Seguimos a la siguiente fase una en la que el cuerpo me pedía empujar y yo creía que estaba loca, hasta que mi matrona me dijo “si quieres empujar, empuja” y yo pensé… la loca es ella. ¿ como iba a empujar? ¿Ya? ¡Acabamos de empezar! Me quedan como 20 horas de parto, ¡soy primeriza son largos! Pero ella me recordó que mi cuerpo sabía lo que hacía, que lo escuchara … y lo escuché. Y el cuerpo empuja desde dentro con una fuerza que ni tu sabías que tenías y cada contracción te baja, te absorbe, te entrega, te desgarra y te acerca a tu niña.

Ahí si había dolor, ahí si había miedo pero sobre todo en mi baño de este piso de alquiler del centro de Málaga había mucho mucho amor, mucha confianza en mi, en el cuerpo, en mi hija, en la energía femenina y en esa inteligencia innata que todos tenemos, que nacemos con ella y nos guía.

Traspasé esa barrera del dolor y apareció la cabeza, y créeme ya no había dolor. Los recuerdos están y no están pero la euforia todavía vive en mi. En la siguiente contracción nació Clara y nací yo como madre y mujer capaz de hacer cualquier cosa.

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Gerard estaba de rodillas delante mia, nos miramos lloramos y agarramos esta nueva vida que llegó estrenando sus pulmones

Mis matronas estaban ahí guiándolo todo, haciéndose cargo de todo mientras yo miraba con las pupilas dilatadas a mi nueva familia. La persona que había elegido para mi camino y la que habíamos creado juntos.

¿Lo repetiría? Mil veces mas. ¿ fue nuestro parto soñado? Fue mejor. ¿En casa? Mis matronas han sido el mejor regalo que hemos tenido y tenemos. Nunca podremos agradecer tanto.

Si hay algo que nos ha proporcionado esta experiencia, es una vez más, la certeza y la confianza en la sabiduría del cuerpo. A través de la quiropráctica la hemos conocido, a través de nuestro parto lo hemos vivido más en primera persona que nunca. El cuerpo posee una inteligencia innata que nos guía y sabe cómo hacernos funcionar al 100% cuando tiene todas sus necesidades cubiertas.

Esta ha sido nuestra experiencia, y esperamos que os inspire tanto como a nosotros para confiar en vuestros cuerpos, para entender que cuando estamos en equilibrio somos capaces de cualquier cosa y para saber que cada uno de nosotros posee el 100% de información, que está esperando a fluir por nosotros libre de interferencias.

¡Que tengáis un día súper feliz!

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